In a major victory for immigrants and advocates across the country, a federal court has ruled that several policies adopted by U.S. Citizenship and Immigration Services (USCIS) after the 2025 travel-ban proclamations were unlawful. The decision rejects USCIS’s attempt to indefinitely delay immigration applications for individuals from 39 designated countries and holds that the agency exceeded its legal authority.
Following the 2025 travel-ban framework, USCIS implemented four policies that significantly affected immigrants already living in the United States.
1. Global Asylum Hold Policy
USCIS paused adjudication of asylum and withholding-of-removal applications, leaving many applicants without decisions for extended periods.
2. Benefits Hold Policy
The agency suspended the processing of immigration benefits—including green cards, work permits, and naturalization applications—for individuals from countries covered by the travel ban.
3. Comprehensive Re-Review Policy
USCIS reopened previously approved cases and subjected certain immigrants who entered the United States on or after January 20, 2021, to renewed scrutiny.
4. Country-Specific Factors Policy
Officers were instructed to treat an applicant’s country of origin as a significant negative factor when exercising discretion over immigration benefits.
According to the lawsuit, these policies caused thousands of applicants to experience prolonged delays and uncertainty despite having complied with all legal requirements. Immigrant-rights organizations and labor unions brought the case on behalf of affected individuals whose applications had effectively been frozen. The plaintiffs argued that USCIS had created a system that placed applicants into indefinite “legal limbo,” preventing them from receiving decisions on benefits they were otherwise entitled to pursue.
The court agreed with the plaintiffs and concluded that USCIS acted unlawfully.
Among its findings, the court held that USCIS lacked statutory authority to implement the challenged policies. The policies conflicted with immigration laws enacted by Congress, and the agency failed to adequately explain the changes. USCIS ignored the reliance interests of applicants who had already complied with the law. National security justifications offered by the government were unsupported and insufficient. Finally, the agency acted in an arbitrary and capricious manner. The court went so far as to state that USCIS claimed powers “that it does not possess.”
Rather than issuing a permanent injunction, the court declared the four policies unlawful and vacated them under the Administrative Procedure Act. In practical terms, the policies have been set aside and can no longer serve as the basis for maintaining broad adjudication holds.
If the ruling remains in effect, USCIS may no longer categorically suspend immigration applications under these policies, reopen previously approved cases based solely on the challenged framework, and treat nationality alone as a significant negative factor when deciding immigration benefits.
Individuals from the 39 designated countries may once again have their applications processed through the normal adjudication system.
This ruling represents an important reaffirmation that federal agencies must act within the authority granted by Congress and follow established legal procedures. The decision also reinforces a fundamental principle of immigration law: individuals who comply with the requirements established by law should not be subjected to indefinite delays or unfavorable treatment based solely on their country of origin. Although appeals and additionallitigation may follow, the ruling marks a significant victory for due process, administrative accountability, and the fair administration of the immigration system.
Un tribunal federal anula las políticas del USCIS que dejaban a miles de inmigrantes en un “limbo jurídico”
En una importante victoria para los inmigrantes y sus defensores en todo el país, un tribunal federal dictaminó que varias políticas adoptadas por el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS) tras las proclamaciones de prohibición de viaje de 2025 eran ilegales. La decisión rechaza el intento de USCIS de retrasar indefinidamente las solicitudes de inmigración de personas provenientes de 39 países designados y sostiene que la agencia excedió su autoridad legal.
Siguiendo el marco de la prohibición de viaje de 2025, USCIS implementó cuatro políticas que afectaron significativamente a los inmigrantes que ya residían en los Estados Unidos.
- Política de suspensión global de solicitudes de asilo
USCIS paralizó la resolución de solicitudes de asilo y de suspensión de expulsión (withholding of removal), dejando a muchos solicitantes sin una decisión durante períodos prolongados. - Política de suspensión de beneficios
La agencia suspendió el procesamiento de beneficios migratorios —incluidas las tarjetas de residencia permanente (tarjetas verdes), los permisos de trabajo y las solicitudes de naturalización— para personas provenientes de países sujetos a la prohibición de viaje. - Política de revisión exhaustiva
USCIS reabrió casos previamente aprobados y sometió a un nuevo escrutinio a ciertos inmigrantes que habían ingresado a los Estados Unidos a partir del 20 de enero de 2021. - Política de factores específicos por país
Se instruyó a los funcionarios a considerar el país de origen del solicitante como un factor negativo significativo al ejercer su discrecionalidad sobre los beneficios migratorios.
Según la demanda, estas políticas provocaron que miles de solicitantes sufrieran retrasos prolongados e incertidumbre, a pesar de haber cumplido con todos los requisitos legales. Organizaciones de defensa de los derechos de los inmigrantes y sindicatos laborales presentaron la demanda en nombre de las personas afectadas, cuyas solicitudes habían quedado efectivamente congeladas. Los demandantes argumentaron que USCIS había creado un sistema que colocaba a los solicitantes en un “limbo legal” indefinido, impidiéndoles obtener una resolución sobre beneficios que, de otro modo, tenían derecho a tramitar.
El tribunal dio la razón a los demandantes y concluyó que USCIS actuó de manera ilegal.
Entre sus conclusiones, el tribunal determinó que USCIS carecía de autoridad legal para implementar las políticas impugnadas. Dichas políticas entraban en conflicto con las leyes de inmigración promulgadas por el Congreso, y la agencia no explicó adecuadamente los cambios realizados. USCIS ignoró las expectativas legítimas de los solicitantes que ya habían cumplido con la ley. Las justificaciones de seguridad nacional ofrecidas por el gobierno carecían de fundamento y resultaban insuficientes. Por último, la agencia actuó de manera arbitraria y caprichosa. El tribunal llegó incluso a afirmar que USCIS se atribuyó facultades “que no posee”. En lugar de emitir una orden judicial permanente, el tribunal declaró ilegales las cuatro políticas y las anuló en virtud de la Ley de Procedimiento Administrativo. En términos prácticos, las políticas han quedado sin efecto y ya no pueden servir de base para mantener suspensiones generalizadas en la resolución de solicitudes.
Si el fallo se mantiene vigente, el USCIS ya no podrá suspender categóricamente solicitudes de inmigración en virtud de estas políticas, reabrir casos previamente aprobados basándose únicamente en el marco normativo impugnado, ni considerar la nacionalidad por sí sola como un factor negativo significativo al decidir sobre beneficios migratorios.
Las solicitudes de personas provenientes de los 39 países designados podrán tramitarse nuevamente a través del sistema ordinario de resolución.
Este fallo representa una importante reafirmación de que las agencias federales deben actuar dentro de las facultades otorgadas por el Congreso y seguir los procedimientos legales establecidos. La decisión también refuerza un principio fundamental del derecho de inmigración: las personas que cumplen con los requisitos establecidos por ley no deben ser objeto de demoras indefinidas ni de un trato desfavorable basado únicamente en su país de origen. Aunque es posible que se produzcan apelaciones y litigios adicionales, el fallo constituye una victoria significativa para el debido proceso, la rendición de cuentas administrativa y la administración justa del sistema de inmigración.